En torno al siglo VIII a.C. vivió el profeta Jonás (cuyo nombre significa ''paloma'') un personaje peculiar que tuvo una vivencia singular, su breve intervención quedó inmortalizada en el Libro Sagrado - La Santa Biblia. Su irrupción resulta un tanto provocadora y desafiante, suscitando preguntas de no fácil respuesta, y alguna que otra duda difícil de aclarar que inquietan al lector más crédulo. Jonás fracasó de lleno en su tarea asignada, pero recibió una segunda oportunidad para llevar a cabo su misión. Dios ''en persona'' se encargó de que Jonás la llevara a cabo. De su vida y experiencia extraemos unos principios que podemos aplicar a nuestras vidas cuando nos sentimos atrapados y limitados por nuestros fracasos. Hoy en día seguimos aprendiendo que las dificultades y los fracasos son el abono que tenemos que enterrar para permitir que broten nuevas oportunidades.